
Podología deportiva: ¿En qué consiste?
En el ámbito del deporte, el cuidado de los pies y las extremidades inferiores es de vital importancia. El correcto funcionamiento de estas estructuras anatómicas no solo es fundamental para mantener un estado de bienestar general, sino también para alcanzar un óptimo rendimiento deportivo. Es en este contexto donde cobra especial relevancia la podología deportiva, una disciplina que se encarga del diagnóstico, tratamiento y prevención de las afecciones podológicas relacionadas con la práctica deportiva. Desde Higea, expertos en podología en Cádiz, hoy explicaremos todo sobre ello.
¿Qué es la podología deportiva?
La podología deportiva consiste en una rama especializada de la podología que se enfoca en el estudio de las lesiones y trastornos biomecánicos que pueden afectar a los deportistas. Los podólogos deportivos son profesionales altamente capacitados que poseen conocimientos específicos sobre la anatomía y el movimiento del pie, así como sobre las diferentes patologías que pueden surgir durante la actividad física.
¿En qué consiste?
Cuando se lleva a cabo una consulta de podología deportiva, el podólogo realizará una evaluación exhaustiva de los pies y las extremidades inferiores del paciente. Esto implica analizar la forma del pie, su alineación, la marcha y la biomecánica durante la práctica deportiva. Además, se pueden utilizar diferentes pruebas y técnicas avanzadas, como el análisis de la pisada mediante plataformas de presiones o el estudio de la marcha en cinta de correr.
Una vez obtenidos los resultados de la evaluación, el podólogo deportivo podrá establecer un diagnóstico preciso y plantear un plan de tratamiento adecuado. Este plan puede incluir diversas intervenciones, como la prescripción de plantillas ortopédicas personalizadas, la realización de ejercicios de rehabilitación específicos, la aplicación de terapias manuales, el uso de vendajes funcionales, entre otros.
Beneficios de la podología deportiva
Sus beneficios son múltiples. En primer lugar, esta disciplina permite prevenir y tratar lesiones comunes relacionadas con el deporte, como la fascitis plantar, los esguinces de tobillo, la tendinitis, las ampollas y las uñas encarnadas. Al abordar estos problemas de manera temprana y adecuada, se puede evitar su agravamiento y favorecer una pronta recuperación.
Asimismo, contribuye a optimizar el rendimiento deportivo. A través de la corrección de las alteraciones biomecánicas, se busca mejorar la eficiencia en el movimiento, reducir el riesgo de lesiones y aumentar la capacidad de resistencia y la estabilidad. Esto se traduce en un mayor rendimiento y un menor desgaste físico durante la práctica deportiva, lo que permite alcanzar metas y objetivos de manera más efectiva.
Además, tiene un impacto directo en el bienestar general de los deportistas. Al promover una correcta alineación y función de los pies, se previenen dolores y molestias que podrían afectar la calidad de vida y la participación en actividades deportivas. Un buen estado podológico también contribuye a mejorar la postura, el equilibrio y la coordinación, aspectos esenciales tanto para deportistas profesionales como para aficionados.
En Higea podemos ayudarte a tratar y prevenir lesiones y a mejorar tu rendimiento deportivo. Si quieres saber más o consultarnos tu caso, ¡no dudes en ponerte en contacto con nosotros sin compromiso!

Artrosis: Acerca de esta enfermedad reumática
Con la edad, aparecen ciertas dolencias, que dejan de mermar la calidad de vida. Una de ellas es la artrosis. Por eso, desde Higea, expertos en fisioterapia y rehabilitación en Cádiz, queremos mostrarte todo lo que necesitas conocer sobre esta dolencia tan común.
¿Qué es la artrosis?
La artrosis es la patología reumática más habitual. Puede darse en todas las articulaciones. Se calcula que afecta a la mitad de la población mayor de 65 años.
Causas de la artrosis
Aunque se asocia al envejecimiento, algunas otras cuestiones que pueden provocar su aparición en personas predispuestas son:
- Pequeños golpes en la zona repetitivos.
- Inflamación en las articulaciones.
- Factores genéticos.
Cuando una articulación tiene un funcionamiento normal, el cartílago cubre el extremo de cada uno de los huesos que la conforman. De esta forma, están protegidos durante el movimiento. Se evitan los golpes directos y roces. Además, el líquido sinovial nutre y lubrica al cartílago haciendo que funcione de manera óptima.
La artrosis se produce cuando el cartílago pierde esas protecciones naturales. De hecho, en algunos casos llega a desaparecer y provoca dolor al rozar los huesos que antes estaban protegidos. A veces con que exista menos líquido sinovial será suficiente para que el paciente experimente los síntomas que estamos comentando.
¿Cuáles son los síntomas de la artrosis?
No siempre viene acompañada de síntomas, sin embargo, cuando se dan, los más frecuentes son:
- Dolor. La artrosis se presenta muchas veces de manera asintomática y sin dolor. Pero con el tiempo lo más probable es que se sufra, ya que el simple roce de los dos huesos lo va a provocar. Además, lo habitual es que se sienta al mover la articulación y por las mañanas, después de haber estado en reposo por la noche.
- Deformación. Los huesos van creciendo por el lateral, lo que causa una deformidad en la articulación, que aumenta su tamaño. Sobre todo en las manos, suelen aparecer nódulos.
- Chasquidos. La articulación puede crujir después de un tiempo de inactividad.
- Inflamación. La zona puede aparecer inflamada.
- Rigidez. Sobre todo después de estar un tiempo sin mover la articulación, por las mañanas o en cualquier otro momento del día.
¿Cómo se diagnostica la artrosis?
Se suele diagnosticar por los síntomas que presenta el paciente. Al mismo tiempo se realizará un examen de las articulaciones que parecen afectadas.
La enfermedad se confirmará por medio de pruebas de imagen, como las radiografías. La resonancia magnética ayuda a completar el diagnóstico.
¿Cuál es el tratamiento de la artrosis?
Su tratamiento es complejo. Por un lado, se tratan los dolores con ciertos fármacos, pero siempre controlando que no provoquen efectos secundarios indeseados. También existen algunos medicamentos que ayudan a proteger el cartílago.
En ocasiones será necesario cambiar la articulación dañada y colocar una prótesis. Conllevará pasar por quirófano y suele hacerse cuando la artrosis afecta a la rodilla o a la cadera.
La fisioterapia puede ayudar a mejorar los síntomas de la artrosis y la movilidad de las articulaciones, así como rehabilitarse tras una operación. Por eso, si padeces esta enfermedad, no dejes de ponerte en contacto con nuestro equipo.

Pie plano: Sus características y efectos
El pie plano es una condición común que afecta a una gran cantidad de personas en todo el mundo. Desde Higea, expertos en podología en Cádiz, explicaremos en qué consiste el pie plano, sus causas, síntomas, efectos, su propensión a ciertas lesiones y cómo puede ser tratado.
¿Qué es el pie plano?
También conocido como pie plano valgo, es una anomalía estructural del pie en la cual el arco longitudinal está ausente o es más bajo de lo normal. Esto significa que, en lugar de haber una curva pronunciada en el medio del pie, la planta del pie toca completamente el suelo. Esta condición puede afectar a uno o ambos pies y puede estar presente desde el nacimiento o desarrollarse a lo largo del tiempo.
Causas del pie plano
Existen diferentes factores que pueden contribuir a su desarrollo. Algunas de las causas más comunes incluyen:
- Genética: El pie plano puede ser hereditario y transmitirse de generación en generación.
- Desarrollo muscular débil: La debilidad de los músculos del pie y el tobillo puede provocar el colapso del arco.
- Lesiones: Los traumatismos en el pie o el tobillo pueden debilitar los ligamentos y tendones que sostienen el arco, lo que lleva al desarrollo de un pie plano.
Síntomas y efectos del pie plano
Esta característica del pie puede manifestarse de diferentes maneras y provocar diversos síntomas, que pueden incluir:
- Dolor en el pie, especialmente en la zona del arco, el talón o el tobillo.
- Fatiga o cansancio en los pies y las piernas después de caminar o estar de pie durante largos períodos.
- Dificultad para usar calzado convencional o encontrar zapatos que se ajusten correctamente.
- Dolor en las rodillas, las caderas o la espalda debido a la alteración de la alineación del cuerpo causada por el pie plano.
Lesiones a causa del pie plano
Este tipo de planta del pie puede aumentar el riesgo de ciertas lesiones debido a la falta de soporte y estabilidad en el pie. Algunas de las lesiones más comunes asociadas con el pie plano incluyen:
- Fascitis plantar: Inflamación del tejido que conecta el hueso del talón con los dedos del pie, causando dolor en la planta del pie.
- Tendinitis tibial posterior: Inflamación del tendón que se extiende desde la pantorrilla hasta la parte interna del pie, causando dolor en el arco y el tobillo.
- Sobrecarga de los músculos y ligamentos del pie: La falta de soporte adecuado puede provocar tensiones y desequilibrios en los tejidos blandos del pie, lo que aumenta el riesgo de esguinces y torceduras.
Tratamiento del pie plano
El tratamiento puede variar dependiendo de la gravedad de la condición y de los síntomas que presente cada individuo. Algunas opciones de tratamiento comunes incluyen:
- Terapia física: Un fisioterapeuta puede recomendar ejercicios específicos para fortalecer los músculos del pie y mejorar la estabilidad. Estos ejercicios pueden incluir estiramientos, ejercicios de fortalecimiento y técnicas de equilibrio.
- Uso de plantillas ortopédicas: Las plantillas ortopédicas, también conocidas como ortesis, son dispositivos personalizados que se colocan dentro del calzado para brindar soporte adicional al arco y corregir la alineación del pie. Estas plantillas pueden ser especialmente útiles para aquellos que experimentan dolor o fatiga debido al pie plano.
- Calzado adecuado: Es importante elegir zapatos que ofrezcan buen soporte y amortiguación para los pies. Los zapatos con arcos incorporados o plantillas extraíbles pueden ayudar a aliviar los síntomas del pie plano.
- Medicamentos antiinflamatorios: En casos de dolor e inflamación intensos, se pueden recetar medicamentos antiinflamatorios no esteroides (AINE) para aliviar los síntomas. Sin embargo, es relevante tener en cuenta que estos medicamentos solo proporcionan alivio temporal y no abordan la causa subyacente del pie plano.
- Cirugía: En casos graves y persistentes de pie plano que no responden a otros tratamientos, se puede considerar la cirugía. La cirugía puede implicar la reconstrucción de los ligamentos y tendones del pie para restaurar el arco. Sin embargo, la cirugía es una opción que se reserva para casos excepcionales y solo se considera después de haber agotado todas las demás opciones de tratamiento.
Es fundamental que cualquier persona que experimente síntomas o molestias relacionadas con este problema busque la atención de un profesional de la podología o fisioterapia. Un especialista podrá evaluar la condición, determinar la causa subyacente y recomendar el tratamiento más adecuado para cada caso individual.
En Higea ofrecemos a nuestros pacientes los servicios de podología, traumatología, ortopedia y fisioterapia. Si quieres saber más o consultarnos tu caso, no dudes en ponerte en contacto con nosotros sin compromiso.

Falsos mitos sobre la natación
Varios expertos señalan que la natación, siendo uno de los deportes más recomendables y que se puede practicar a casi cualquier edad, tiene una serie de limitaciones ante ciertas dolencias (como infecciones respiratorias, heridas o patologías de hombro y rodilla) y reglas que hay que tener en cuenta para evitar lesiones.
Higea, expertos en fisioterapia activa en Cádiz, también quiere analizar cuatro mitos en torno a la natación:
Sin riesgo.
Falso.
Es cierto que la natación recreativa no requiere una preparación específica. Sin embargo, hay que avanzar de forma progresiva para evitar lesiones, como en cualquier práctica de actividad física. No se debe pasar del sedentarismo durante el resto del año a intentar hacer 40 largos en una piscina olímpica el primer día. Conviene empezar con sesiones, por ejemplo, de unos 20 minutos e ir aumentando el volumen de natación (el tiempo) día a día, en función de la forma física de cada persona.
Ejercicio de bajo impacto.
Cierto, con matices.
Es verdad que hay poco impacto sobre el sistema osteoarticular, frente a otros deportes como el running. En cambio, nadar durante varias horas cada día tiene un impacto grande; especialmente, en zonas como el hombro. Esto no tiene por qué ser perjudicial y la evidencia científica nos indica que entrenar la fuerza es muy positivo. Una vez más, hay que avanzar de manera progresiva. Sólo hay que tomar medidas cuando sufres ciertos problemas y aparece dolor en fase aguda; en ese caso hay que parar y que un fisioterapeuta examine la situación. En la práctica totalidad de los casos se puede volver al ejercicio una vez que pasa esa fase aguda.
Hay una técnica ideal.
Otro falso mito, ya que no existe una sola técnica idónea para todo el mundo. Dependerá de cada persona y su situación. “Quienes sufran ciertas patologías tienen que observar algunas precauciones al nadar y consultar con un fisioterapeuta. Una mala elección del estilo que utilicen puede agravar su problema”
Qué estilos se deberían evitar en esos casos:
Dolor lumbar. Evitar braza, que exige una extensión mantenida, y mariposa (por la extensión lumbar forzada).
Crol o espalda si son estilos recomendados.
Dolor cervical. Evitar braza y mariposa, ya que se mantiene la cabeza en extensión para sacarla fuera del agua.
Eso provoca tensión sobre una zona más sensible al movimiento en este caso.
Dolor en hombros. Evitar crol y espalda. Aquí es más recomendable hacerlo a braza, con menos impacto
sobre esa zona.
Dolor en rodilla. Evitar braza, por el tipo de patada, que obliga a un mayor esfuerzo a nivel articular. El resto de estilos sí son compatibles.
Hacerlo en el mar es malo.
Falso.
Nadar en agua salada no es negativo de por sí; al contrario, el nivel de salinidad hace que el cuerpo flote mejor. La técnica cambiará un poco, para ajustarse al movimiento del agua, mayor que en la piscina.
Lo más importante en este caso es la seguridad. Hay que tener mucho respeto al mar, no miedo. Si una persona no conoce bien una playa tiene que informarse de las corrientes y los fondos. Siempre es mejor nadar en paralelo a la orilla en zonas de poca profundidad y en playas en las que exista un servicio de vigilancia.
Para quien vaya a aventurarse lejos de la orilla, debería hacerlo en compañía de otra persona o en grupo, o que lleve atada una baliza hinchable para que le puedan localizar a distancia; algunas tienen incluso un espacio para el móvil, para llamar por si surge un problema. Si sufre un ligero percance, como un tirón o un calambre en la pierna, puede pasar un mal rato si está solo a decenas de metros de la playa. Incluso, algunas personas se marean al nadar en el mar, por el movimiento del agua.
Un buen final
Quien vaya a realizar una sesión intensa debería dedicar unos minutos a realizar una buena preparación previa a través de ejercicios de movilidad articular, estiramientos dinámicos y trabajo de activación muscular. Esto redundará, probablemente, en un menor riesgo de sufrir lesiones y un mayor disfrute y aprovechamiento de la sesión de ejercicio
