Dormir bien es uno de los pilares más descuidados de la salud moderna. La vida acelerada, el uso nocturno de pantallas y el estrés crónico han provocado un aumento de los trastornos del sueño.
Un descanso insuficiente no solo genera cansancio: se relaciona con mayor riesgo de obesidad, hipertensión, depresión y deterioro cognitivo.
Para mejorar la calidad del sueño conviene establecer rutinas regulares: acostarse y levantarse a la misma hora todos los días, incluso en fines de semana. El dormitorio debe ser un espacio oscuro, fresco y silencioso.
Reducir la exposición a la luz azul de dispositivos electrónicos antes de dormir es clave. La melatonina, hormona del sueño, solo se libera en condiciones de oscuridad.
Otras medidas efectivas son limitar la cafeína después del mediodía, practicar técnicas de relajación y reservar la cama solo para dormir y descansar.
Dormir entre 7 y 9 horas de manera constante es un hábito que no puede reemplazarse con café ni con voluntad. El sueño es medicina preventiva y restauradora.

